El paisaje de la Villa de Garafía se caracteriza por el colorido de sus huertas cultivadas: papas, cereales, árboles frutales, verduras… se mezclan en las pequeñas huertas, reflejando el carácter de subsistencia de la agricultura.

Pero en la agricultura tradicional han predominado los suelos dedicados al cultivo de papas y de cereales.

La importancia de las papas ha sido siempre muy relevante; constituían, con el gofio, la dieta básica del campesino. Así, los mejores suelos han estado dedicados al cultivo de papas y trigo. En el monte, la papa puede dar dos cosechas de secano al año. Pero un cambio importante experimentado por este cultivo en las últimas décadas, ha sido que pasó de ser un cultivo de secano a uno de regadío, mucho más productivo y rentable.

En los lugares altos, el trigo formaba parte del paisaje cada año, hasta que los suelos se agotasen reconstituyéndose posteriormente mediante un largo barbecho del apreciado tagasaste. También se cultivaban, en menor medida, otras cereales como: cebada, garbanzos, lentejas, chícharos, etc.

Las viñas y frutales, tales como manzaneras, ciruelos, durazneros, albaricoqueros, etc., nos ofrecen esos singulares sabores, aromas y sensaciones que identifican a Garafía y que podemos percibir a lo largo y ancho de las numerosas huertas con que cuenta esta zona.

Destacar que la Villa de Garafía es conocida por todos por ser tierra de sabrosos quesos y buen vino, pero a la sombra y quizá sin darle la importancia que se merecen renacen otros productos de altísima calidad. “La miel”,en los últimos tiempos se ha abierto un notable hueco entre nuestros productos estrella, cosechando premios gracias al trabajo y labor de quienes se dedican a ella.